Muchas veces escuchamos decir que la industria de papel es abusiva con el medio ambiente y que su producción incumbe a un modelo económico que degradada al ecosistema. No obstante, si nos guiamos por la experiencia de la nueva visión de los modelos de producción del sector, fácilmente nos podremos dar cuenta de que aquello constituye un prejuicio.

Podemos avalar lo dicho, puesto que la nueva estrategia de este mercado se basa en un esquema que replantea el funcionamiento lineal y voraz de las esferas de producción. La bioconomía circular hace posible obtener ganancias sobre la fibra de papel y su valor como insumo a la vez que se suma a la protección medioambiental y a la responsabilidad social.

Las nuevas condiciones materiales de esta propuesta se dinamizan mediante el compromiso del cuidado al entorno, la generación de empleo y la rentabilidad. En cifras generales, se tiene que este sector obtiene el 83% de las materias primas de bosques gestionados para cumplir con este fin. En el caso de Colombia se haba de una producción basada en fibra virgen para la producción de la pulpa con la que se produce el papel. Estos recursos se obtienen mediante bosques de eucalipto y pino cuyo manejo está certificado. Del mismo modo, el subproducto del azúcar, es decir, el bagazo de caña permite el abastecimiento de las necesidades de materia prima de este insumo.

Cabe tener en cuenta que hasta el día de hoy muchas personas declaran que el papel, y los usos editoriales y prácticos que este tiene no podrán ser reemplazados. Esta tendencia que hasta el día de hoy cuenta con un 79% de adeptos, por lo menos en Estados Unidos, se basa en la impresión de que el papel resulta más práctico y relajante que los dispositivos virtuales. La comodidad e intimidad que se desprende de este tipo de productos derivados del papel genera tranquilidad en lectores, estudiantes y público que disfruta el contacto “cuerpo a cuerpo” con este material.

Adicionalmente un estudio del 2013, publicado por el investigador y experto en conductas F. Jabr, revela que los lectores comprenden y recuerdan mejor un texto cuando lo leen sobre papel que cuando lo hacen sobre una pantalla. Adicionalmente, este estudioso encuentra que la sencillez de una hoja en blanco contribuye a la creación de imágenes mentales y a una serie de abstracciones que permiten al cerebro humano asimilar cuánto se ha leído y cuánto falta por leer. Lo anterior no ocurre al leer desde un monitor.

 

De la mano a este anacrónico y emotivo gusto por el papel se tiene que hay una industria que se preocupa por satisfacer las necesidades de sus clientes, sin que estas pasen por encima de la ética, la responsabilidad ambiental y sobre todo de los modelos económicos más amigables, como el de la bieconomía circular.